A MadameBelula & MigaPuna nos gusta bucear por la red en la búsqueda y captura de descubrimientos que alimenten nuestras inquietudes artísticas y estéticas. A veces tenemos la suerte de encontrarnos con verdaderas obras maestras, de las que de verdad llegan a lo más profundo del interior. Solipsit, de Andrew Thomas Huang (asiduo colaborador de la Björk de los últimos tiempos) es una de ellas. Sumergirse en su universo poliédrico y tan bello, nos hace recordar que estamos vivas. Nos hace sentir gratitud. ¿Y qué más se puede pedir?

El término solipsismo procede del latín “solus ipse”; es decir, “solo uno mismo”.
Es una creencia metafísica que afirma que lo único de que uno puede estar seguro es de su propio yo y, en consecuencia, de su propia existencia. Esta corriente filosófica que ya se remonta a Grecia con los sofistas, y tiene una de sus máximas expresiones en el cogito ergo sum de Descartes, es tan indemostrable como poco refutable.
Es un concepto que se arraiga en la desconfianza o suspicacia extrema, pero que también puede dar pie a una reinvención del mundo a medida.
Y es eso lo que hace Andrew Thomas Huang en su obra Audiovisual “Solipsist”. En ella describe una experiencia interior que contagia y comunica su propia intensidad a otros. Habla del encuentro con uno mismo y el entorno, a través de la tensión de fuerzas interiores que devienen en una colisión que origina una catarsis total.
En nuestra opinión, la grandeza de esta obra está, además de en su valor estético, en la riqueza del universo audiovisual creado. Un imaginario tan bello como personal e intransferible es el de Huang.
Para mostrárnoslo, se sirve de un extraño amasijo orgánico que crece, formado por ramas, algas, telas, plásticos, cables. Sugiere lo natural, pero en una naturaleza que ya no es solo animal, vegetal y mineral.  Crea criaturas acuáticas sintéticas que evocan un mundo metálico y eléctrico.
Construye un universo en el que, en nuestra mente, lo natural no solo no puede disociarse de lo digital y tecnificado; sino que además éstos se mezclan, se confunden, se enredan.
Una suerte de caos absoluto de carne, algas, metal, pástico, microchips, ondas electromagnéticas, que no conducen sino a una armonía interior, creada a través de un festín de texturas y materiales en una explosión de color. Para el deleite.

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